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análisis post-partido

Post-Mestalla: Tres cosas que vimos y una conclusión que duele

El partido terminó, los números están. Ahora toca diseccionar qué pasó, por qué pasó, y sobre todo, adónde vamos desde aquí.

18 de junio de 2026

Cuando suena el silbato final en Mestalla, hay un momento de silencio extraño. Es el silencio de 55.000 personas procesando lo que acaban de ver. A veces es el silencio de la derrota. Otras, el de la decepción. Hoy vamos a hablar de ambos.

Primera cosa: La defensa estuvo lo que estuvo

Giorgi Mamardashvili hizo lo que pudo. Que conste. Pero incluso un portero sobrehumano tiene límites, y hoy tuvimos la sensación de que los traspasó. Concedimos ocasiones que no teníamos que conceder, esas que te hacen preguntarte "¿pero en qué estábamos pensando?".

Hugo Guillamón corrió, se posicionó, intentó liderear. Pero a veces el liderazgo no es suficiente cuando los movimientos defensivos están ajustados a una velocidad que no es la de los demás.

Thierry Correia tampoco tuvo su día. Y está bien decirlo. No todos los días somos el mejor, y eso incluye a los buenos.

Segunda cosa: El ataque fue un espejismo

Probablemente tuvimos uno o dos momentos buenos en el primer tiempo. Esos que te hacen pensar "vamos, ahora sí". Pero después, nada. O casi nada. Los goles que necesitábamos nunca llegaron.

Eso es frustrante porque vimos en el video previo al partido que teníamos opciones claras. Pero en el fútbol, las opciones solo cuentan si las conviertes en goles.

Tercera cosa: El cambio de ritmo en el segundo tiempo

Cuando salimos en la segunda mitad, parecía que el equipo entendía la urgencia. Pero la urgencia no es lo mismo que la calidad. Jugamos más directo, más apresurado, y eso nos metió en un lío defensivo que ya no pudimos solucionar.

El entrenador intentó cambios. Lógico. Pero en fútbol, a veces lo que necesitas no está en el banquillo; está en la cabeza de los que ya están en el tartán.

La conclusión que duele: Estamos donde estamos porque merecemos estar aquí

Escúchalo bien, porque es importante: no hay misterio. No hay conspiración arbitral (que conste, hoy arbitraje normal y corriente). No hay mala suerte extraña.

Estamos donde estamos porque colectivamente, como equipo, no estamos siendo consistentes. Hay momentos de brillo —que los hay— pero no sostenidos. Hay calidad individual, pero el colectivo es lo que importa.

Compara esto con cómo juega el Valencia Femenino: con una intensidad sostenida, con un plan claro, con la sensación de que cada uno sabe exactamente qué tiene que hacer. Eso es lo que nos falta.

¿Qué sigue?

La próxima semana, otro partido. Otra oportunidad. Porque en el fútbol, lo bonito es que siempre hay una próxima. Y nosotros, como hinches, tenemos que seguir aquí, en Mestalla, creyendo que esta es la semana en que todo cambia.

Porque al final, eso es ser ché: volver aunque duela.

No hay mejor plan que ver el partido con algo más en juego. Desde 5€, cada minuto se vuelve mucho más emocionante.

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